Casiodoro de Reina

Edward M. Bounds (1835-1913)

FINNEY. Charles Grandison (1792-1875).

MURRAY, Andrew (1828-1917)

WILFREDO GRENFELL

ROBERTO MOFFAT

MARTÍN LUTERO

JUAN WESLEY

JUAN G. PATON

JUAN KNOX

CARLOS H. SPURGEON
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Juan Spurgeon, padre de Carlos, era ministro. Santiago Spurgeon, abuelo de Carlos, también era ministro. De manera que no es de sorprenderse que Carlos haya seguido las mismas pisadas. Carlos Haddon Spurgeon nació el 19 de junio de 1834, en Kelveden, en el condado de Essex, Inglaterra. Hubieron diecisiete miembros en la familia Spurgeon, pero nueve de ellos murieron en la infancia. El padre de Calos predicaba los domingos, ministerio que desempeño durante dieciséis años. Durante la semana trabajaba en la industria del carbón.

Cuando tenía dieciocho meses, Carlos fue llevado a donde sus abuelos, en Stambourne, criándose allí durante sus primeros años de vida. Durante cincuenta y cuatro años Santiago Spurgeon predicó en la capilla local. La tía Ana pasó mucho tiempo ayudando a Carlos, enseñándole a escribir y a memorizar. A la edad de siete años, el niño regresó a vivir con sus padres. Sin embargo, la mayoría de las vacaciones regresaba a pararlas con sus abuelos.

Aquellos primeros años en Stambourne fueron llenos de alegría para Carlos. Tener que dejar a su abuelo fue la pena más grande de su niñez. Al regresar a su hogar, en la población de Colchester, conoció a sus dos hermanitas y a un hermanito menor, los cuales, naturalmente, lo hicieron su héroe.

Al principio, Carlos asistió a una escuela dirigida por una señora de apellido Cook. Pero, después de haber aprendido todo lo que ella le podía enseñar, Carlos fue enviado a una institución más avanzada. En dicho lugar, se ganó el primer premio en inglés, cuando tenía alrededor de diez u once años de edad.

Cuando cumplió los catorce años, fue enviado, juntamente con su hermano, al colegio de San Agustín, en Maidstone, en donde daba clases un tío suyo. Carlos dominó rápidamente las materias que se enseñaban en aquel lugar, igualmente.

Para cuando tenía quince años, había progresado mucho en lectura, redacción, aritmética, ortografía, gramática griega y del latín, y filosofía. Su destreza en matemáticas era tan sobresaliente en aquel tiempo, que se le permitió calcular las tablas que aún hoy en día son usadas por unas de las compañías de seguro de vida en Londres.

Durante cinco años, o sea, entre los diez u once, y hasta los quince o dieciséis, Spurgeon mantenía una actitud de búsqueda, y eso le llevó a aprender más, en cuanto a las cosas que de veras importan en la vida, que lo que la mayoría de la gente aprende durante toda su vida.

"Debo confesar", decía más tarde, "que nunca hubiera sido salvado, si yo hubiese podido evitarlo. Mientras pude, me rebelé, me opuse, y luche contra Dios. Cuando él quería que yo orara, no oraba; y cuando él deseaba que yo escuchara el sermón, no lo hacía. Cuando acaso escuchaba, y una lágrima me corría por la mejilla, me la enjugaba y desafiaba a Dios a que me ablandara el corazón. Pero mucho antes de que yo empezara con Cristo, él empezó conmigo".

Fue su madre la que despertó en él interés por las cosas espirituales. Las oraciones y los consejos de ella, le hicieron que empezara a preocuparse por su alma. Todos los domingos, por la tarde, la Sra. de Spurgeon acostumbraba reunir a sus hijos alrededor de la mesa, y mientras leían las Escrituras, ella les iba explicando, versículo por versículo. Luego oraba. Posteriormente, Carlos declararía que a los niños jamás se les olvidaron algunas de aquellas oraciones.

Carlos Haddon Spurgeon aceptó al Señor Jesucristo como Salvador, el 6 de enero de 1850. estaba nevando. Se encaminaba hacia cierta iglesia, pero debido a la tormenta, se detuvo en otras más cercana. Al entrar, notó que habían presentes menos de quince personas. El ministro no pudo llegar, debido al mal tiempo, así que un zapatero se levantó para tomar su lugar en aquella emergencia. Tomó Isaías 45:22 como su texto: "Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más". Mientras predicaba, aquel ministro improvisado señaló con su dedo al joven Spurgeon, y le dijo: "Joven, tú andas mal. Mira a Jesucristo, ¡Míralo! ¡Míralo! ¡Míralo!". Carlos lo hizo así, y le entregó al Señor Jesucristo la vida y el corazón. Ese mismo día hizo la decisión de entrar en el ministerio. El 3 de mayo de 1851, día de cumpleaños de su madre, Carlos se bautizó, de acuerdo al mandamiento de Cristo. "La conciencia" dijo "me ha convencido de que es un deber ser sepultado juntamente con Cristo en el bautismo, aunque estoy seguro de que no es de ninguna manera necesario para la salvación".

Carlos comenzó de inmediato a trabajar para el Señor, enseñando una clase de niños en la escuela dominical, repartiendo tratados y visitando a los pobres.

"No hay mejor tiempo para trabajar que las primeras horas del día, ni mejor tiempo para servir al Señor que los días tempranos de la juventud", solía decir. Se levantaba muy de mañana para leer la palabra de Dios y para orar, y luego pasaba el resto del día en sus estudios. Invertía las noches enseñando la Palabra de Dios. A los dieciséis años, se afilió a una organización llamada la Asociación de Predicadores Laicos, y predicó su primer sermón en una casita rural, cerca de Cambridge. La fama del "muchacho predicador" se extendió rápidamente. Pronto estaba predicando en capillas, casas y reuniones al aire libre, en trece poblados diferentes alrededor de Cambrigde. Esto lo hacía por las tardes, después de cumplir con sus deberes escolares.

En 1852 aceptó su primer pastorado, en Waterbeach, a diez kilómetros de Cambrigde. La capilla, que anteriormente había sido el granero, tenía varias bancas y un púlpito. El primer domingo hubieron menos de doce personas presentes, pero luego la asistencia subió. Su salario en la iglesia era de 225 dólares al año, más la comida que la gente le traía de cuando en cuando. Spurgeon permaneció dos años y medio en el pastorado de esa iglesia. Cuando empezó a trabajar allí, halló que la embriaguez, el lenguaje blasfemo, y el pecado abundaba en el pueblo; pero pronto todo eso cambió. Domingo tras domingo la pequeña capilla se llenaba hasta el tope, y la gente empezó a confesar sus pecados y a reconciliarse con Dios.

La primera persona convertida por Spurgeon, fue la esposa de un labriego, y Carlos apreciaba aquella alma más que todas las demás que se convirtieron después de su ministerio. "Me sentí como el niño que gana a su primera moneda, o como el pescador de perlas que se sumerge muy hondo y encuentra una gema de especial valor".

Cuando tenía diecinueve años, Spurgeon pronunció un discurso en la Unión de Escuelas Dominicales de Cambrigde. Los dirigentes, todos personas de mayor edad que él, lo criticaron severamente, diciendo que a él no le correspondía tratar de enseñar a sus mayores. Le dijeron que debía haberse quedado en su iglesia, por lo menos hasta que tuviera edad como para que le creciera la barba. No obstante, como resultado de ese discurso, recibió una invitación de parte de una iglesia en Londres. Se trataba de una de las principales iglesias bautistas, y una de las seis que tenía más de trescientos miembros. La iglesia había gozado de muy buen prestigio pero la localización del templo era muy ventajosa, y, como consecuencia, la asistencia había ido declinando durante varios años. Por tres meses habían estado sin pastor. Un hombre que era diácono en esa iglesia, había escuchado el discurso de Spurgeon. Al volver a su congregación, les dijo: "Si ustedes quieren llenar esas bancas vacías, llamen a un joven a quien oí hablar en Cambrigde. Se llama Spurgeon".

El joven Spurgeon quedó tan sorprendido al recibir una invitación para ser pastor de una iglesia tan grande, que escribió una carta diciéndoles que seguramente se habían equivocado. A vuelta de correo le vino la respuesta: "La invitación es para usted mismo. No hay ningún error." Todavía perplejo, hizo arreglos para predicar en la Iglesia de la calle New Park, el 18 de diciembre de 1853. Fue recibido fríamente, y eso le hizo sentirse tentado, al último momento, de evadir la tarea. Sin embargo, una vez que estuvo frente a la congregación se sintió más tranquilo. La asistencia no era muy numerosa. Había más o menos unas ochenta personas presentes.

La fama del maravilloso joven campesino se propagó el mismo día. Por la tarde, muchos de los que estuvieron presentes en el culto de la mañana, visitaron a sus amigos, invitándolos a asistir al servicio nocturno; y así, por la noche, la asistencia fue mucho más nutrida. Entre los presentes en aquella ocasión, estaba la joven que más tarde llegaría a ser su esposa.

Los oyentes estaban tan emocionados, que no se levantaron de sus asientos sino cuando los diáconos les aseguraron que harían todo lo posible por volver a invitar al joven predicador. Antes de que Spurgeon abandonara el recinto, había recibido la invitación de volver.

Ninguno de los predicadores suplentes, que llenaron al púlpito de la iglesia de la calle New Park durante los meses en que estuvo vacante, había sido invitado por segunda vez. Spurgeon, en cambio, volvió el primer domingo de enero de 1854, y luego al tercer domingo y también el quinto. Tan grande fue el éxito de su ministerio, que el 25 de enero fue invitado a ocupar el púlpito por seis meses, con miras a aceptar el pastorado permanentemente. Antes de que se cumplieran los seis meses, los diáconos de la iglesia convocaron a una sesión especial, durante la cual la congregación acordó invitar a Spurgeon para que fuera su ministro permanente.

Casi desde el primer día de la obra de Spurgeon en la capilla de la calle New Park, el templo se llenó de bote en bote, en cada reunión. Durante seis domingos seguidos, en los servicios nocturnos se llenó, no solamente la capilla misma, sino también las calles adyacentes. La gente se aglomeraba inclusive en las calles laterales. Todo esto fue muy arduo para Carlos Spurgeon, puesto que aún no había desarrollado una "voz para las multitudes". A veces casi se quedaba sin voz. No obstante, para fines de aquel año, había dominado el secreto de proyectar la voz hacia un auditorio grande. El edificio fue ampliado vez tras vez, pero al poco tiempo, nuevamente, resultaba estrecho para la gente que concurría.

Un domingo por la noche, cuando el salón estaba lleno hasta el tope, y había otras diez mil personas afuera, alguien dio alarma de incendio. Un terrible pánico se apoderó de la gente, y siete personas murieron atropelladas. Otras veintiocho quedaron gravemente heridas. Esta experiencia conmovió profundamente a Spurgeon. Quedó tan afligido, que pasó llorando toda la noche y todo el día siguiente. No obstante, como consecuencia de ello, se convirtió en un predicador sobresaliente, y todo Londres quería oírle. Durante los siguientes tres años predicó a multitudes de más de diez mil personas todos los domingos. Siguió predicando en los edificios más grandes que se podían contratar en Inglaterra, en Escocia, Irlanda y Gales. También empezó a predicar al aire libre. A la edad de veintidós años, era el predicador más popular de su día.

Cuando llegó a la iglesia de la calle New Park, en 1854, la membresía era de 232. para fines de 1891 se habían bautizado otras 14.460 personas; y la membresía constaba, para entonces, de 5.311 personas.

En marzo de 1861 fue terminada la construcción del Tabernáculo Metropolitano, y durante los treinta y un años que siguieron, aproximadamente cinco mil personas se reunían, domingo tras domingo, mañana y tarde, para oír predicar a Spurgeon. Los edificios quedaban tan llenos, que por fin Spurgeon tuvo que pedir a los que asistían fielmente, que por favor se abstuvieran de venir el próximo servicio. Así lo hicieron ellos, pero aún así el Tabernáculo se llenaba hasta el máximo. El 7 de octubre de 1857, cuando Spurgeon tenía 23 años, se usó el edificio más grande que había disponible, y 23.645 personas asistieron al servicio. Spurgeon quedó completamente agotado como resultado de aquel servició, al punto que después durmió, de un solo tirón, desde el miércoles por la noche hasta el viernes por la mañana.

Aunque las multitudes que llegaban par escuchar a Spurgeon era, en su mayoría gente del pueblo, sin embargo, también asistían algunos de la nobleza. La Reina Victoria asistió disfrazada. También concurrieron funcionarios del gobierno, militares, escritores, artistas y ministros.

Mientras pastoreaba la iglesia de la calle New Park, un día Spurgeon notó, entre la concurrencia, a una jovencita muy atractiva. El 8 de enero de 1856, dicha señorita se convirtió en la Sra. de Spurgeon dio a luz a un hermoso par de gemelos, Carlos y Tomás.

La vida hogareña era ideal, a pesar de que la Sra. de Spurgeon estaba constantemente enferma. Sin embargo, el gozo del hogar nunca fue empañado por quejas o por falta de comprensión. Para los padres fue un gozo cuando los hijos se bautizaron; y una gran satisfacción cuando los vieron empezando a predicar, en una casita cerca de Wandsworth. Ambos hijos siguieron carreras de negocios; el uno en el despacho de un comerciante de la ciudad, y el otro como tallador de madera; pero en ambos también se desarrolló la habilidad de predicar.

Carlos, el mayor, después de pastorear iglesias en Grenwich, Nottingham y Hove, llegó a ser el sucesor de su padre en el Orfanato Spurgeon. Tomás, el menor, después de servir como ministro en Australia y Nueva Zelandia, tomó el lugar de su padre en le Tabernáculo Metropolitano. Dirigió la obra allí durante catorce años, y murió el 20 de octubre de 1917.

Susana de Spurgeon había quedado inválida, y por tal razón no podía acompañar a su esposo en sus viajes. Susana falleció el 22 de octubre de 1903.

Se ha dicho que Carlos Spurgeon tenía más de tres mil quinientos sermones distintos. Los sermones dominicales eran reproducidos en forma impresa, y se vendían profusamente. Además de sus tareas regulares como pastor y predicador. Spurgeon publicó un sermón por semana, comenzando en 1855, y también fundó un seminario para pastores. Estableció un círculo de escuelas dominicales e iglesias, era presidente de una sociedad para la distribución de Biblias y tratados, y estableció el orfanato de Stockwell con diez casas, en las que se podía acomodar a unos quinientos niños.

Spurgeon predicó su último sermón en el Tabernáculo Metropolitano el día domingo 7 de junio de 1891. tenía solamente cincuenta y seis años de edad, pero estaba sumamente extenuado. Las arrugas en su frente y la abundancia de sus canas, mostraban a la distancia un envejecimiento prematuro. Al acercarse el fin de su vida terrenal, le dijo a su esposa: "¡Ah! Mujercita; he tenido una vida tan bendecida con mi Señor". El 31 de enero de 1892, después de cuarenta años en el ministerio, Carlos Haddon Spurgeon se fue para estar con su Señor. Esto ocurrió en Mentone, Francia, a donde había viajado por motivos de salud.

El 4 de febrero se celebró un servicio conmemorativo en Mentone, y luego el cadáver fue llevado al Seminario para Pastores, en la Estación Victoria, en Londres, en donde permaneció aquella tarde. Al anochecer fue llevado al Tabernáculo, y allí, al día siguiente, unas sesenta mil personas desfilaron ante al ataúd, para presentar sus últimos respeto a Spurgeon.

Hoy en día la Iglesia "El Tabernáculo" todavía continúa trabajando; el seminario sigue adiestrando a hombres para que predique el evangelio; y el orfanato, en un sitió nuevo, aún provee alojamiento y educación para niños y niñas.

De esta manera, la obra de Carlos Haddon Spurgeon, todavía continúa avanzando.

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