Casiodoro de Reina

Edward M. Bounds (1835-1913)

FINNEY. Charles Grandison (1792-1875).

MURRAY, Andrew (1828-1917)

WILFREDO GRENFELL

ROBERTO MOFFAT

MARTÍN LUTERO

JUAN WESLEY

JUAN G. PATON

JUAN KNOX

MARTÍN LUTERO
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Martín Lutero, hijo primogénito de Hans y Margarita Lutero, nació el 10 de noviembre de 1483, en el pueblo de Eisleben, en Sajonia, Alemania. Un día después de haber nacido, fue dedicado a Dios y, siendo que era el día de San Martín, los esposos Lutero decidieron ponerle tal nombre.

La familia Lutero era muy pobre, de modo que tanto el padre como la madre trabajaban arduamente, no sólo para alimentar, vestir y albergar a sus hijos, sino también procurando darles una educación adecuada. Además de Martín, había otros seis hijos en la familia.

Cuando Martín tenía cinco años comenzó a recibir su educación escolar. Para ello fue enviado a la aldea de Mansfeld, para que estudiara con el maestro allí. Martín continuaría estudiando en tal lugar hasta cumplir los trece años. Se le enseñó, no solo a leer y a escribir, sin también el latín.

A los catorce años Martín comenzó a estudiar en el pueblo de Magdeburgo. Puesto que sus padres no le podían enviar dinero, Martín tenía que pedir limosnas para poder sostenerse mientras estudiaba. Así lo hizo durante un año. En 1498 fue la ciudad de Eisenach, para asistir a una escuela allí. Al principio se ganaba la vida pidiendo limosnas. Un día, una señora rica y avanzada de edad, llamada Ursula de Cotta, le escuchó cantar, y se dio cuenta de que lo que hacía muy bien; así que lo invitó a alojarse en su hogar. Martín se quedó en dicho lugar durante los cuatro años siguientes, terminando así sus estudios sin tener que mendigar para alimentarse. Allí aprendió a tocar flauta y el laúd. A menudo tocaba para Frau Cotta, pues a ella le gustaba mucho la música.

La madre adoptiva de Lutero, Ursula de Cotta, lo amaba como a hijo propio, y siempre lo trató con la mayor bondad. Para cuando Lutero cumplió los dieciocho años, su padre estaba en mejor situación económica, y por ello le fue posible ayudarle para que continuara sus estudios. Así que le envió a la universidad de Erfurt. Deseaba que Martín estudiara leyes, y que llegara a ser un abogado.

Martín fue siempre un compañero ingenioso, amable y locuaz. Debido a su habilidad para cantar y tocar varios instrumentos, llegó a ser popular entre los demás estudiantes.

Lutero recibió su grado de bachiller en 1502, ocupando el décimotercer lugar de la promoción de cincuenta y siete alumnos. El 1505 recibió su licenciatura, y esta vez ocupó el segundo lugar en la promoción de diecisiete alumnos.

Uno de los eventos de mayor importancia en su vida universitaria ocurrió cuando, por casualidad, halló una Biblia en la biblioteca. La leyó con sumo interés.

Continuaba con sus estudios de leyes, tal como lo deseaba su padre, pero a la vez, empezó a dedicar mucho tiempo a la lectura de la Biblia. Le interesaba profundamente poder saber la verdad en cuanto a Dios.

Hans Lutero y su esposa Margarita, siempre habían mantenido una estricta disciplina en su hogar. Enseñaron a sus hijos a temer a Dios. Desde muy temprana edad les enseñaron el credo, los diez mandamientos, el padrenuestro, así como algunos himnos y cantos.

En aquellos días se les enseñaba a los niños que tenían que expiar sus propios pecados. Siendo que no les era posible hacer suficiente expiación, ni conseguir hacer suficiente buenas obras, se les decía que tendrían que acudir a los santos del cielo, y a María, la madre de Jesucristo, para que intercediera a su favor, pidiéndole a Cristo que tuviera piedad por ellos.

Cuando estaba por finalizar sus estudios universitarios, Martín Lutero experimentó un cambio inesperado. Como consecuencia de un accidente que por poco le cuesta la vida, y debido también a la muerte de un amigo y compañero universitario muy íntimo, Martín había exclamado, en medio del peligro:

"¡Líbrame, Santa Ana; y me haré monje!". Aunque después Lutero lamentó mucho haber hecho tal voto, creía que debía cumplir lo que había prometido. Poco después ingresó en el monasterio agustino de Erfurt. No tenía intención alguna de retractarse; no obstante, sus amigos le esperaron a las puertas del monasterio durante dos días, creyendo que quizá cambiaría de opinión. Su padre se disgustó mucho por la decisión de Martín de dejar la abogacía para hacerse monje.

Lutero estaba tan deseoso de cumplir a cabalidad el triple voto de pobreza, castidad y obediencia, que había hecho al entrar en el monasterio, que no le molestaba el tener que pedir limosna. Sin embargo, los profesores y algunas otras personas de la universidad lo vieron; y les desagradó mucho el ver el célebre y popular graduado de su universidad, mendigando por las calles. Le pidieron al director del convento que se lo impidiera. Así Lutero fue enviado al campo para que pidiera limosnas allí y no lo hiciera en la ciudad.

En febrero de 1507 Lutero fue ordenado sacerdote se le asignó una habitación privada, en la cual podía estudiar cuando quisiera. Poco después celebró su primera misa. Entre los regalos que recibió con tal motivo estaba una Biblia empastada en cuero rojo. La estudió con diligencia, pues tenía hambre de verdad. Ayunaba días seguidos, y pasaba muchas noches enteras sin dormir, tratando de hallar la paz que buscaba. Y sin embargo, nada de paz venía a su alma.

Sin embargo, Dios lo estaba guiando. Lutero acostumbraba conversar largamente con el prior del convento agustino, y así abrirle su corazón, contándole sus problemas y conflictos. Un día, mientras hablaban sobre el arrepentimiento, las palabras de su amigo produjeron en su corazón la convicción del pecado. Leyó en las Escrituras hasta comprobar que las palabras de su superior estaban en perfecto acuerdo con lo que decía la Biblia. Desde entonces, el tema del arrepentimiento dejó de llenar de amargura a su mente.

En 1508, a la edad de veinticinco años, y en reconocimiento a su sobresaliente desempeño, Martín Lutero llegó a ser profesor de la recientemente fundada universidad de Wittemberg. Durante los tres años que había pasado en el monasterio, había aprendido griego y hebreo, y su idioma materno era el alemán. Se ha dicho que ningún teólogo de aquella generación pudo haber recibido una educación más esmerada que la que recibió Martín Lutero. Dios estaba formando en él un carácter noble para que fuera instrumento Suyo.

Las conferencias que martín Lutero daba sobre la Biblia eran tanto interesantes como instructivas para la gente, ya que por muchos años no se había permitido que nadie leyera las Sagradas Escrituras, sino únicamente los sacerdotes. Fue mientras estaba preparando una de estas conferencias, que el versículo "El justo por la fe vivirá", (Romanos 1:17), cautivó su atención de una manera muy especial. Aun siendo sacerdote, todavía estaba aprendiendo nuevas doctrinas al estudiar la Biblia.

Mientras estudiaba y escudriñaba las Escrituras, Lutero se dio cuenta de que algunos cambios eran necesarios en la iglesia. En compañía de otro monje, hizo un viaje a Roma, conocida como la Ciudad Eterna, para cumplir una comisión de su orden monástica.

Al entrar en la ciudad, después de haber viajado seis semanas a pie, se postró, exclamando: "¡salve, Roma, ciudad sagrada!", pues creía que en aquella ciudad no había pecado. Sin embargo, casi de inmediato fue desilusionado. Por todas partes empezó a ver a oír cosas que le entristecieron y le dejaron escandalizado.

Allí Roma, subió de rodillas lo que se conoce como "La Escalera de Pilato" o también como "La Santa Escalera," procurando ganar indulgencias adicionales. Mientras subía de rodillas esta escalera, Lutero oyó una voz que le decía: "El justo por la fe vivirá". Esta verdad llegó a ser la doctrina principal de la Reforma.

Refiriéndose a la ciudad de Roma, posteriormente Lutero dijo:"Roma es una ramera. Tan grande y osada es la iniquidad de Roma, que allí ni se teme a Dios ni al hombre, ni tampoco al pecado y a la vergüenza. Todo hombre que ha visitado Roma puede testificar de esto; y todo hombre malo sale de ella peor que nunca".

Dios había permitido que Lutero viera las verdaderas condiciones de la ciudad. Cuando la nueva luz penetró en su alma Lutero no retrocedió; ni tampoco esperó que los demás monjes de su orden lo acompañaran. Por el contrario, siguió adelante con Cristo.

Lutero regresó a la universidad, con el texto "El justo por la fe vivirá" ardiendo en su corazón. A su retorno fue nombrado decano de la facultad de teología; y al año siguiente, o sea en 1512, le fue conferido el doctorado en teología. En un principio estaba vacilante en cuanto a recibir tal grado o no; pero más tarde estuvo agradecido de haberlo aceptado, por cuanto le otorgaba el derecho de enseñar las Escrituras tal como las comprendía.

Con nuevo entusiasmo Martín Lutero se dedicó a sus responsabilidades como profesor. Mientras enseñaba el libro de Romanos, la doctrina de la Justificación por la fe nuevamente cautivó poderosamente su atención.

Cada día más y más gente asistía a las conferencias que dictaba, pues en ellas oían palabra de Dios proclamada como nunca antes lo habían oído. Las enseñanzas de Lutero eran muy claras.

Lutero no temía poner en tela de juicio las doctrinas de la iglesia, cuando veía que eran contrarías a la palabra de Dios. Comenzó a predicarles a los mismos monjes, en una capilla antigua que tenía un pulpito hecho de tablas de un metro de alto. Fue allí donde nació la Reforma.

Mientras estudiaba las Escrituras que hablaban acerca de la justicia de Dios, el alma de Martín Lutero fue libertada. Llegó a ser una nueva criatura en Cristo Jesús; ya no esclavo de la iglesia Católico-romana, ni del papa. Veía las Escrituras con nuevo entendimiento, y le eran más y más preciosa cada día. La Biblia llegó a ser el centro de su predicación y de su enseñanza. Más tarde diría en cuanto a la Biblia: "Como el pasto para el rebaño y como el hogar para el hombre; como el nido para el pájaro, como la peña para el gamo y como el arroyo para el pez, así es la Biblia para el alma fiel".

Por el mismo tiempo en que Lutero estaba experimentando su maravilloso renacimiento por medio de la fe, otros curas y frailes estaba enriqueciéndose grandemente por medio de indulgencias. Uno de ellos dispuso que sus cobradores anunciaran: "tan pronto como la moneda suena en el cofre, volando sale el alma fuera del purgatorio".

Sabiendo Lutero que el hombre era justificado por la fe, no podía permanecer en silencio ante tal atrocidad. Predicaba intrépidamente en contra de las indulgencias. Hablaba la verdad públicamente y sin temor. Muchos de los que le oían se sentían muy preocupados; otros se disgustaron profundamente; y otros más se enfurecieron.

La Reforma Protestante declaraba que:

  1. La Biblia, y no la iglesia, es la autoridad para la vida cristiana;

  2. No se requiere dinero, ni buenas obras, ni ninguna otra cosa, para llegar a ser cristiano, sino únicamente la fe; y

  3. Que todos los que creen en Cristo son sacerdotes, y no tan sólo una única persona.

Después de haber hecho públicas sus tesis, Lutero descubrió que había muchas otras personas, dentro de la iglesia Católica-romana, que compartían dichas opiniones; pero que no se atrevían a expresarlas. Lutero mismo corría el peligro de ser quemado vivo, por haberse atrevido "a dudar que el papa tuviera potestad para perdonar pecados". El obispo de Branderburgo, al momento en que arrojaba al fuego un leño encendido, dijo: "No descansaré en paz, sino cuando haya arrojado a Martín al fuego así como arrojo este leño".

Cuando el papa se enteró de las tesis, creyó al principio que se trataba de la obra de algún alemán borracho. Pensaba sinceramente que la persona que las había escrito, pensaría de otra manera al estar sobrio. Sin embargo, poco a poco sus propios fieles, y unos tras otro, comenzaron a declarar su acuerdo con las enseñanzas de Martín Lutero.

Cuando el papa se dio cuenta de que Lutero no era ningún alemán borracho, sino más bien un monje y profesor universitario, le ordenó comparecer ante Roma dentro de sesenta días. Para responder a la acusación de herejía. Algunas personas que estaban trabajando con el Dr. Lutero por aquel tiempo, le ayudaron, prometiendo pagar los gastos extremadamente altos, para que el juicio se llevara a cabo en Alemania y no en Roma. Lutero compareció ante el cardenal, prometiendo enmendar sus enseñanzas solamente si de alguna manera hubiera informado mal al pueblo. El cardenal insistía en que Lutero debía retractarse por completo de todas las opiniones que había expresado. Después de varias entrevistas infructuosas, Lutero fue puesto en libertad, ordenándosele no presentarse nunca más ante al papa; a menos que fuera para retractarse.

Para entonces los escritos de Martín Lutero tenían gran demanda. Parecía que las palabras corrían libremente de su pluma; y en una ocasión admitió que casi se escribían por sí mismas. Sin embargo, sabemos que fue por medio de la dirección del Espíritu Santo que estos escritos llegaron a ser tan grandes.

En 1520 escribió varios documentos, en los que definían claramente su posición con respecto a la iglesia Romana. Estos se cuentan entre los documentos más importantes de la historia, en vista de los efectos que causaron, puesto que cambiaron por completo el curso de la historia humana.

Lutero puso en claro, tanto al hablar como al escribir, que el papa no era ni supremo ni infalible. También puso en claro que había roto con la iglesia de Roma para siempre. Se mantuvo firme en su convicción y, como resultado, un numeroso grupo de monjes abandonó el monasterio en donde dictaba clases, y retornaron a una vida normal, dedicando todo su tiempo y energía a la causa de Cristo. Otros conventos siguieron este ejemplo. Algunos quedaron casi desiertos, cuando muchas monjas salieron retornando a la vida normal.

En varias ocasiones Lutero fue llamado para comparecer ante diversos representantes de la iglesia, para ver si había cambiado de opinión. En cada una de ellas Lutero dio un testimonio claro de su fe en el Señor Jesucristo.

Un día Lutero fue secuestrado. Inesperadamente le pusieron una capa gruesa sobre su cara, para que no supiera a dónde lo llevaban. Este secuestro resultó ser, en realidad, un acto de misericordia. Algunos amigos, temiendo que los enemigos le quitaran la vida, lo habían arreglado todo, tomándolo prisionero como si fuera sus enemigos. Se le mantuvo escondido en el viejo castillo de Wartburgo. Solamente el encargado del castillo sabía quién era el preso. Las demás personas que residían en el Wartburgo creían que era un caballero, pues estaba bien disfrazado. Casi todo el mundo lo daba por muerto.

Este cautiverio, sin duda, fue ordenado por Dios. En el castillo Lutero tuvo mucho tiempo para meditar, y para escribir. Dominando el latín, el griego, el hebreo, además del alemán, tradujo todo el Nuevo testamento al idioma alemán en menos de tres meses. Poco después esta traducción estaba en manos del pueblo. Luego siguió traduciendo al Antiguo Testamento. Sin embargo, no fue sino hasta después de haber regresado a Wittemberg, que la Biblia entera salió impresa en el alemán.

Más o menos un año después de haber sido secuestrado Lutero regresó a Wittemberg. Se lo necesitaba mucho. Al regresar, ocupó de inmediato el puesto de líder que había tenido anteriormente. Corrigió al pueblo en cuanto a sus ideas erróneas, y contestó, según la Biblia, a todas las preguntas que se le hicieron.

El matrimonio, prohibido hasta entonces para curas y monjas, llegó a ser una práctica normal. Después de algún tiempo, habiéndose pensado bien, el Dr. Lutero dejó a un lado su sotana, rehusó su titulo de monje, y el 13 de junio de 1525 se casó con Catalina von Bora, una ex-monja. En el anillo de bodas de Martín, tanto como en el de Catalana, se leía la inscripción: "lo que Dios juntó, no lo separe el hombre".

El primer hogar de Lutero y su esposa fue un claustro agustino, del cual todos los monjes habían huido. Dios bendijo al matrimonio, dándoles seis hijos. Uno de ellos llamado Hans, estudio Leyes; otro, Pablo llegó a ser médico. Era el ferviente deseo de Lutero que alguno de sus hijos siguiera sus pasos, pero su hijo Martín, que fue el que comenzó a estudiar Teología, murió antes de llegar a graduarse.

El matrimonio suavizó y ablandó al reformador. Como esposo y padre, su carácter alcanzó el grado mas noble y digno.

Aunque se ha opinado que la reforma fue la obra mayor de la vida de Lutero, su obra literaria también fue muy grande. Además, la música ocupaba un lugar muy importante en su vida. Durante los años difíciles y tormentosos, cuando la reforma apenas se iniciaba, Lutero escribió el bien conocido himno "Castillo Fuerte es nuestro Dios". No solamente escribió muchos himnos, sino que también compiló el primer himnario e introdujo la práctica de cantar himnos congregacionales en los cultos de la iglesia. Antes del tiempo de Lutero no había himnarios, y la congregación no participaba en los cantos.

Lutero también organizó un sistema de visitación entre las iglesias. Un líder hábil y capaz visitaba, de tiempo en tiempo las iglesias, para ayudarles en lo que fuera necesario. Formuló una lista de instrucciones que pudieran servir de guía a los pastores locales. Cuando vio que se necesitaba un orden del culto, lo escribió detalladamente, y lo insertó en los himnarios que ya se estaban usando. Hizo que el sermón llegara a ser el mismo corazón y alma del servicio público de adoración.

A menudo se ha llamado a Lutero el "padre de la escuela pública". Fue él el primero que se dio cuenta de que, a menos que se enseñara a los campesinos a leer, ellos siempre estarían retrasados en su crecimiento espiritual. Por consiguiente, hizo planes para un curso de estudio que se debía seguir en la educación de la juventud de aquellos días. Su influencia en el establecimiento de las escuelas para el público en general, fue enorme.

En 1527 Lutero se enfermó gravemente, y pensó que pronto moriría; sin embargo, no se murió. Continuó trabajando para el señor hasta 1546. en aquel año, a pesar de que no se encontraba bien de salud, hizo un viaje en invierno, el 23 de enero. Al llegar a Eisleben, su salud empeoró bastante. Sin embargo, predicó cuatro veces, sirvió la Cena del señor en dos ocasiones, y ordeno a dos ministros. Para el mes de febrero su salud había empeorado seriamente. Lutero estaba seguro que los días de su vida estaba contados.

"¿Mueres firme en la fe que has enseñado?" le preguntaron mientras yacía moribundo. "Si", contestó Lutero. Entre las dos y tres de la madrugad del 13 de febrero de 1546, se fue para estar con el Señor a Quien había aprendido a amar con tanto fervor.

El Dr. Martín Lutero había muerto, pero su obra y su influencia sigue en vigor hasta el día de hoy. Si no se hubiera sido por este gran siervo de Dios, la fe protestante, que gana hombres y mujeres para Cristo, que los saca de las tinieblas y los lleva a la luz, no existiría como ministro activo en la actualidad.

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