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La purificación del templo
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“Entrando en el templo comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él” (Lucas 19:45) 

Del relato del evangelio de la Cuaresma pasamos al evangelio de Juan para la lectura principal. En Jn 2:13-22 leemos el relato de la purificación en el templo. Si se compara con los sinópticos, salta a  la vista la transposición operada por el cuarto evangelio.

En aquellos, la escena tiene lugar al final del ministerio de Jesús, luego de la entrada decisiva en Jerusalén (Mc 11:15-17; Mt 21:12-13; Lc 19:45-46. Juan la ubica en los inicios, luego de la semana inicial de siete días (1:1-2:12) y en relación con la primera pascua (2:13)

Se trata de un viaje muy temprano de Jesús a Jerusalén. Veremos luego por qué esta transposición casi polar con respecto a los sinópticos. El episodio mismo es narrado de una forma propia en Juan. Mientras en los sinópticos el contexto es más bien financiero que comercial (sólo se mencionan las palomas), en Juan se va en orden descendente en tamaño desde bueyes, pasando por ovejas, para terminar en las palomas.

El escenario también se hace distinto. Jesús habla solamente a los vendedores de palomas, hacia quienes es más suave, ya que no los expulsa sino que los invita a sacar; esto de aquí, y sólo a ellos les recuerda que no deben hacer de la casa de su Padre una casa de mercado. La instancia económica está más marcada.

Importantes son las citas de las Escrituras que se hacen. En los sinópticos, las referencias proféticas a Isaías 56:7 mi casa es casa de oración y a Jeremías 7:11 esa misma casa convertida en cueva de ladrones constituyen el núcleo interpretativo que legitima la acción violenta de Jesús.

Para Marcos y Lucas, además, la escena sirve de enganche para mostrar el propósito asesino de las autoridades (sumos sacerdotes y escribas, ¡no los fariseos), propósito dilatado solamente por la presión de la fama de Jesús entre la gente.

Juan modifica la cita de Jeremías 7:11, ignora la de Isaías 56:7, e inflexiona toda la escena en dos nuevas direcciones. Por un lado, los discípulos recuerdan lo dicho en el Salmo 69:9 el celo de tu casa me consume; por eso la omisión de Isaías 56:7, ya innecesario, lo que establece una relación íntima y profunda de Jesús con el templo, como veremos. Por otro lado, la reacción no se circunscribe a las autoridades (sinópticos) sino que se globaliza a la oposición con el  vocablo tan juanino de los judíos.

Éstos piden una señal que legitime el obrar de Jesús. Como diciendo: si haces un milagro; creeremos que Dios está contigo. Jesús entonces los provoca a hacer lo que jamás harían, destruir el templo. De hacerlo, él lo reconstruiría en tres días.
 
Por ahora, parece que todo está en clave. Al no entender esta clave, los judíos se extrañan y hacen una pregunta casi banal, sobre el tiempo que puso Salomón para construir el templo. Jesús no les responde, y queda el enigma para los objetantes. Pero el autor del cuarto evangelio no quiere que los lectores queden con el enigma, y les aclara sin perder tiempo: él hablaba del templo de su cuerpo

Aparte de ser una aclaración, se trata de un avance teológico fundamental. La idea teológica de que Jesús es el templo tiene muchas ramificaciones en los sinópticos (Mt 12:6; 26:61; Mc. 14:58; 15:29), pero Jn 2:21 la expresa explícitamente. El v. 22 explica la frase anterior, dando el motivo de la sustitución del templo por el cuerpo de Jesús.

El nuevo templo es el cuerpo resucitado de Jesús. La resurrección de Jesús es una glorificación (Cf. 7:39; 13:31; 17:1) Si la gloria de Dios (su energía luminosa) se concentra en el cuerpo resucitado de Jesús, ya no será en el santuario material, como otrora (Ex 40:34-38; Isaías 6:3; Salmos.

Con esto tenemos una conexión cuaresma, con la Semana Santa (los sinópticos la hacen de otra forma, hablando del complot de las autoridades contra Jesús. Juan, además, anticipa a mucha distancia algunos temas pascuales. Ya lo había hecho un poco antes, al interpretar el signo de Jesús en Caná (2:1-12) como el primero (v. 11a) y ya como manifestación de su gloria (v. 11b).

El final, aquí (v. 11b,y creyeron en él sus discípulos es retomado en nuestra escena de una forma ampliada. Cuando resucitó de entre los muertos, recordaron sus discípulos que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que dijo Jesús; (v. 22). Lo que el autor adelantaba para los lectores, los discípulos de Jesús lo habían experimentado cuando la resurrección.

Implícitamente, los judíos del diálogo anterior se quedaron sin interpretación alguna. Porque este entender no es explicación; sino un proceso de fe; o también, es cristología en el interior de la comunidad de fe que la expresa de esa manera.
Esta teología del cuerpo de Jesús resucitado como nuevo templo donde Dios se manifiesta por su gloria o energía, explica la menor importancia (si la hay) que tiene el templo material en la conciencia cristiana originaria.

Sin embargo, durante siglos la Gran Iglesia se ocupó demasiado de los templos materiales, hermosos muchos de ellos, pero menos necesarios de lo que el Nuevo Testamento quiere. Es para pensar.

O por lo menos dado que, a la luz de la fenomenología de la religión, el espacio sagrado es importante para concentrarse en lo numinoso, para orar, para celebrar; no perdamos esa rica teología del cuerpo resucitado de Jesús como templo que concentra la energía luminosa y salvífica de Dios.
 
Es una manera más de mirar hacia la Pascua desde ahora, en medio de la Cuaresma.

Severino Croatto, editado por Alan López

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