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Diez Primeros Pasos para el Nuevo Creyente
El carcelero de la antigua cuidad griega de Filipos
Hizo una vez a dos de sus presos la pregunta más importante de toda su
vida: "¿Qué debo hacer para ser salvo?".
Los dos presos,
cuyos nombres eran Palo y Silas, sabían la respuesta: "Cree en el
Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa" (Hechos 16:31).
El carcelero
de Filipos efectivamente creyó en Jesús; y fue salvo. Es probable
que el carcelero volvió a preguntar a Pablo y a Silas: "¿Qué
debo hacer ahora?" Y ellos deben habérselo dicho; porque en el lapso
de pocas horas el carcelero había dado varios de los pasos importantes
que el nuevo creyente debe dar.
Tal vez usted
también ha confiado en Jesucristo como su Salvador, y tal vez se está
preguntando: "¿Qué debo hacer ahora?"
Si es así,
esta página es para usted. Al dar estos diez primeros pasos sencillos
para los nuevos creyentes su nueva jornada al cielo adquirirá una nueva
emoción y propósito.
Asegúrese
de que Es Salvo
Hay
solamente un requisito para la salvación: la fe en Jesucristo. Sencillamente
crea en él. Esto es todo lo que necesita.
Usted no se
salva por pertenecer a cierta iglesia o denominación en particular; ¡ninguna
iglesia salva! Usted no es salvo por sus buenas obras o porque éstas
pesan más que sus malas obras. ¡Las obras no salvan!
Usted es salvo
únicamente por la fe en el Salvador Jesucristo.
Saulo también
batallaba con el problema de como agradar a Dios. Encontramos su historia en
le Biblia.
Antes de llegar
a creer en Jesús, Saulo había tratado ya, de hacer todas las cosas
"religiosas" posibles para agradar a Dios. Se consideraba moralmente
íntegro. Es indudable que había hecho suficientes "buenas"
cosas para agradarle.
Pero un día,
viajando por el camino de Jerusalén a la capital Siria de Damasco, oyó
la voz de Jesucristo. De súbito Saulo se dio cuenta de que era un pecador,
y por el poder de Dios fue gloriosamente salvado. Nunca más volvió
a ser el mismo. Posteriormente se le conoció como el apóstol Pablo.
Después
de haber creído en Jesús, Pablo meditó sobre como puede
ser salva una persona. Estudió las Escrituras, repasó su propia
experiencia personal, y luego llegó a una conclusión: "El
hombre es justificado por fe sin las obras de la ley" (Romanos 3:28). El
gran reformador Martín Lutero años más tarde llegó a la
misma conclusión; igual que millones de otras personas.
Cuando Jesús
estaba colgado en la cruz había un ladrón en otra cruz junto a
la Suya. Este ladrón se volvió a Jesús y le dijo: "Acuérdate
de mí cuando vengas en tu reino" (Lucas 23:42). Nadie podría
haber pronunciado esas palabras sin una fe real. Creyó. Jesús
le respondió: "Hoy estarás conmigo en el paraíso."
Este ladrón
no tuvo la oportunidad de bautizarse. Tampoco tuvo tiempo para unirse a alguna
iglesia, ni la posibilidad de hacer buenas obras. Estaba muriendo. Lo único
que tuvo tiempo fue para confiar en Cristo.
Sin embargo
Cristo le prometió: "Hoy conocerás el gozo de la plena salvación."
Hay solamente
un requisito para la salvación: fe en Jesucristo.
Pero esta fe
debe ser suya propia. Debe ser personal. Usted no es salvo debido a que sus
padres creen. Su salvación no viene por medio de alguna otra persona,
ni siquiera su sacerdote, su pastor o su rabí.
Efesios 2:8
dice: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,
pues es don de Dios." Nótese el uso de los pronombres personales:
Sois, o vosotros. La fe es personal.
"Nadie
puede estar más seguro, Que los amados del Salvador."
- Lina Sandell
Ralph Waldo
Emerson, un laureado poeta estadounidense, dijo: "Las almas no son salvadas
al por mayor." Usted debe ejercer personalmente su fe en Cristo; y si lo
ha hecho, ya es salvo.
Una vez que
usted ha ejercido la fe, se halla con seguridad en las manos de Dios. Esta es
la promesa de Jesús para usted: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las
conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás,
ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es el mayor
de todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre" (Juan 10:27-29).
¿Ha confiado
usted en Cristo como su Salvador? Si lo ha hecho así, usted es salvo,
y está seguro en las manos de nuestro Dios soberano. No podría
estar en mejor posición. Usted ha dado el primer paso como un nuevo creyente.
Dígaselo a Alguien.
Después de que usted ha sido
salvado es importante que se lo diga a alguien.
En la Biblia
leemos respecto a Andrés, quién llegó a ser uno de los
discípulos de Jesús. Después de haber confiado en Jesús
como su Salvador dio otro paso importante. ¡Se lo dijo a alguien! Es más,
se lo dijo a su hermano. Juan 1:41 dice de Andrés: "Este halló
primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías."
La explicación
que dio de su salvación no fue muy larga, ni muy detallada, y definitivamente
no muy teológica. Andrés era un pescador, no un teólogo.
Con el paso de los años aprendería más acerca de Dios y llegaría
a ser más entendido teológicamente, pero en ese momento acababa
de convertirse. Sencillamente le contó a su hermano lo que había
hallado.
Nadie espera
que usted tenga todas las respuestas o sepa toda la terminología correcta
inmediatamente después de haber sido salvado.
Dios no espera
de usted tal cosa. Todo lo que usted necesita hacer es contarle a alguien lo
que ha ocurrido en su vida. Dígale que Jesús ha llegado ha ser
real para usted, que él ha venido a su vida y le ha salvado.
Esto no le hace
un misionero, pero si le hace un testigo. Jesús quiere que seamos Sus
testigos (Hechos 1:18).
Hablar acerca
de su salvación tal vez no sea fácil, e incluso es posible que
usted no comprenda todo lo que le ocurrió cuando fue salvado.
Pero contarles
a otros de su nueva vida en Cristo le ayudará en varias maneras. Le ayudará
a aclarar su pensamiento; usted podrá separar las preguntas que tiene
en su mente de los hechos que ya conoce. También le ayudará a
solidificar en su propia mente lo que ha ocurrido. Y llevará a sus amigos
a verse cara a cara con el amor que Dios les tiene.
"Tenemos
una historia que decir a las naciones, pero también una historia para
que se la diga a sus vecinos."
- Vance Havner
Una palabra
de precaución. Cuando usted le cuente a alguien lo que ha ocurrido, no
empiece una discusión. Nadie viene a Cristo como resultado de una discusión;
si no que frecuentemente vienen a él como resultado de un testimonio.
Sea genuino. Sea amable. Sea paciente. Deje que el amor de Dios que le atrajo
a él, se refleje en la manera en que usted les habla de él a otros.
Lo más
grande que le ha ocurrido en su vida es su salvación. Dígaselo
a alguien. Carlos Wesley escribió:
"Oh, quien
tuviera lenguas mil
Del Redentor
cantar,
Las glorias
de mi Dios y Rey,
Los triunfos
de su amor."
No tenemos mil
lenguas, pero si tenemos una. Usémosla para el más noble propósito:
hablarles a nuestros amigos, parientes y vecinos de lo que Jesucristo ha hecho
por nosotros. Cuando usted lo hace, ha dado otro paso para el nuevo creyente.
El Hijo de Dios
se hizo hombre para que los hombres pudieran ser hechos hijos de Dios. Dígaselo
a alguien.
Establezca un Tiempo Devocional.
Usted necesita crecer en su nueva
fe en Cristo, y para hacerlo es importante que establezca un tiempo devocional.
Por "tiempo
devocional" quiero decir un tiempo de encontrarse a solas con Dios y Su
Palabra.
En el ajetreo
y prisa de la vida moderna algunas veces hallamos fácil vivir nuestras
vidas sin mayor relación con el Dios que nos salva, o sin mayor interés
por Su Palabra.
La Biblia es
la revelación de la mente de Dios para usted. Es lo que él quiere
que sepa y haga. No solo que Dios dio a Su Hijo, el Verbo viviente, para salvarlo,
sino que dio Su Libro, la Palabra escrita, para guiarlo.
Muchas personas
tienen su propia Biblia pero nunca la leen. Para la mayoría de personas
es un libro anticuado, bueno para sus abuelos pero no para ellos. Alguien ha
dicho que si todo el mundo sacudiera simultáneamente el polvo de las
Biblias que no usan, nos asfixiaría una tormenta de polvo.
Por supuesto,
algunas secciones de la Biblia son difíciles de entender, y algunas no
son tan emocionantes como otras.
Juan Bunyan,
el autor de El Progreso del Peregrino, dijo algo como esto: "Algunas veces
he visto en una sola línea de la Biblia más de lo que he podido
entender; y sin embargo otras veces la Biblia entera me ha resultado más
seca que la leña."
Sin embargo,
toda sección de la palabra de Dios tiene algo que decirnos, y esto hace
que todo pasaje sea muy importante.
"Nunca
deje un pasaje de las Escrituras antes que le haya dicho algo a usted."
- Roberto
A. Cook
¿Cuándo
debe tener su tiempo de quietud con Dios? Es importante leer la Biblia tan a
menudo como le sea posible; pero yo he hallado provechoso tener un tiempo específico
cada día, cuando me aíslo de todo mundo, excepto de Dios.
Para mí
ese tiempo específico es temprano en la mañana. Mi mente está
menos atiborrada entonces, y mi día es menos complicado. Además,
Dios merece lo mejor de mí, y la mejor parte de mi día es la primera
parte. "Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré"
(Salmo 63:1).
Tal vez para
usted otra hora del día se ajusta mejor a su estilo de vida. Esto está
bien. Pero asegúrese de establecer un tiempo fijo, y aférrese
a ese horario.
¿Qué
debe hacer durante su tiempo devocional? Lo que sigue es mi plan en seis pasos.
Me ayuda a que mis momentos con Dios y Su Palabra sean más significativos.
1
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Empiece
con oración. Pídale a Dios que le prepare para encontrarse
con él. Si hay algo en su vida que usted sabe que le desagrada
a él, confiéselo. Déjele que él le perdone,
de modo que nada estorbe su comunión mutua.
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2
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Lea una
porción específica de la Biblia: tal vez un capítulo
o dos. Si no está familiarizado con la Biblia tal vez quiera empezar
con el Nuevo Testamento. Muchos opinan que el evangelio de Juan es un
buen libro para empezar. A mí también me encanta leer uno
o dos salmos cada día.
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3
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Después
de haber leído el pasaje medite en él por unos minutos.
Piense en lo que ha leído, y pregúntese que significa. ¿Que
es lo que Dios quiere que usted haga? Recuerde, aun cuando tal vez no
comprenda todo lo que lee en la Biblia, todavía puede obedecer
lo que sí entiende.
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4
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Anote
algunas preguntas respecto al pasaje que acaba de leer. Yo siempre tengo
lápiz y papel a mi alcance cuando leo mi Biblia. Anoto las cosas
que he aprendido en la porción leída, y también lo
que no entiendo. Más tarde puedo hallar las respuestas a mis preguntas,
haciéndoselas a alguien que sabe respecto al tema, o buscando la
explicación en un comentario bíblico o en algún otro
material de referencia bíblica.
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5
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Luego
lea de nuevo el pasaje. Leerlo por segunda vez traerá a la luz
cosas que no se notaron la primera vez. Esta es una excelente manera de
aprender por sí solo; porque al leer la Biblia usted tiene al Espíritu
de Dios como Maestro (Juan 14:26).
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6
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Finalmente,
ore de nuevo. Agradézcale a Dios por haber enviado a Su Hijo para
morir por usted. Agradézcale por darle Su Palabra, la Biblia, porque
sin ella usted no tendría las respuestas a los grandes interrogantes
de la vida. Agradézcale por las enseñanzas que le dio a través
del pasaje que acaba de leer.
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Una cosa más.
Muchos nuevos creyentes empiezan con mucho entusiasmo a observar su tiempo devocional
cada día. Pero muy pronto se dejan sobrecargar de actividades y otras
responsabilidades apremiantes, y de alguna manera Dios es puesto a un lado.
Perseverancia
es la clave. La persona que meramente mordisquea bocados de prueba en la Palabra
de Dios nunca desarrolla el gusto por ella. Usted debe retornar diariamente
a la mesa del banquete de Dios, así como acude diariamente a la mesa
para comer su alimento físico. Una vez que empiece, ¡no lo deje!
Acuda regularmente
a su Biblia. ábrala con oración, léala con expectación,
confíe en ella implícitamente y vívala constantemente.
¡Es la verdad! La Biblia que está cayéndose en pedazos pertenece
a alguien que no lo está. Dé este tercer paso del nuevo creyente:
establezca un tiempo devocional.
Ore.
La mejor manera de llegar a conocer
a un nuevo amigo es pasar tiempo con él, conversar con él. Y la
mejor manera de llegar a conocer mejor a Dios es pasar tiempo con él,
conversar con él. Eso es lo que es la oración: sencillamente hablar
con Dios.
No hay por qué
tener temor de acercarse a él. Dios recibe sus oraciones y las contesta.
Hay 667 oraciones registradas en la Biblia, y también las respuestas
a 454. Eso es muy estimulante.
La Biblia es
un libro de oración, y su lectura y la oración van de la mano.
Esto se ilustra en mi sugerencia de que empiece y concluya con oración
su tiempo devocional diario.
¿Cuándo
debe hablar con Dios? En realidad no hay ningún tiempo inapropiado. Usted
puede orar cada vez que quiera. Pero tener un tiempo específico para
orar es tan importante como tener un tiempo específico para leer Su Palabra.
Cuando ora, usted habla con Dios, cuando lee Su Palabra, él le habla
a usted.
"La oración
debe ser la llave que abre el día y que lo cierra por la noche."
- Tomás
Fuller
El Salmo 55:17
dice: "Tarde y mañana y a mediodía oraré." Ese es un
buen modelo, pero no es ninguna fórmula mágica. En realidad usted
necesita orar más que eso, y no vale la pena orar menos.
La mañana es
un excelente tiempo para adorar a Dios en oración, decirle lo que él
significa para usted, y cuanto le ama. Es un buen tiempo para alabarle por lo
que él es y lo que ha hecho. Es un buen tiempo para buscar dirección
y bendición sobre todas las actividades del día.
El mediodía
le provee de una oportunidad para evaluar su día. Pregúntele a
Dios si lo que usted ha hecho en la mañana le ha agradado. Si es así,
agradézcale y pídale una tarde similar. Si no confiese sus faltas
y pídale a Dios que allane su camino con sabiduría para el resto
del día.
El anochecer
puede ser un tiempo deleitoso de acción de gracias y comunión
con Dios. Agradézcale por su día, por su salvación, por
Sus promesas. Este tiempo de oración tal vez no sea tan largo como el
de la mañana, porque usted quizá este cansado o con sueño.
"Nadie
en sus cabales, si tiene algún poder para ordenar su propio día,
reservaría sus principales oraciones para el momento antes de irse a
la cama; obviamente la peor hora posible para cualquier acción que necesita
concentración."
- C. S. Lewis
¿Cómo
debe hablar con Dios? Tal vez usted en realidad no sabe cómo orar, y
se pregunta que va a decirle.
Eso es fácil.
Diga lo que diría a cualquier buen amigo que lo quiere bien. No necesita
vocabulario especial, ni necesita ser elocuente.
No se preocupe
si inicialmente sus oraciones son cortas. Martín Lutero dijo una vez:
"Mientras menos palabras, mejor es la oración." Lutero no estaba
sugiriendo que todas las oraciones deben ser cortas. Lo que estaba diciendo
es que una oración sincera que usa solamente unas pocas palabras es mejor
que una oración insincera que usa muchas.
No se preocupe
si usted no eleva una oración "pulida." Dios prefiere la sinceridad
sobre el "pulimento." Si usted no puede orar como quisiera hacerlo,
ore como pueda. Dios conoce su corazón; él sabe lo que usted quiere
decir.
¿Quién
puede ayudarle a aprender a orar? Si usted está atravesando dificultades
en cuanto a aprender a orar; hay buenas noticias. Cuando usted ora no está
librado a su propio esfuerzo; Jesús el Hijo de Dios, y el Espíritu
Santo le ayudarán en su vida de oración. ¡Esa es la promesa de
Dios!
Cuando usted
ha pecado y necesita hablarle a Dios, el Abogado de Dios, Su Hijo, Jesús
está allí para ayudarle. "Y si alguno hubiere pecado, abogado
tenemos para con el Padre, a Jesús el justo" (1 Juan 2:1). Y cuando
usted no sabe qué decir, el Intercesor divino, Su Espíritu Santo,
le ayuda. "Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad;
pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu
mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles" (Romanos 8:26).
¿Por qué
cosas debe orar? Cuando las personas oran muy rara vez piden un cambio en el
carácter, pero si piden frecuentemente un cambio en las circunstancias.
Esta es una grave equivocación. Dios controla nuestras circunstancias
para mejorar nuestro carácter. De modo que no se deje ganar por el hábito
de implorar en oración un cambio en sus condiciones financieras o físicas.
Permita que sus oraciones sean un vehículo para que Dios moldee su carácter
para llegar a ser lo que él quiere que sea.
La oración
es el prefacio del propósito, el prólogo al poder y el preludio
de la paz. Tan pronto como usted ha aceptado a Cristo como su Salvador, aprenda
a acudir al Padre en oración. Es como hablar con un viejo amigo.
No permita que
pase ni un día sin hablar con él. él se interesa profundamente
en usted y quiere que usted llegue a conocerle mejor. Pase tiempo con él
todos los días.
Haga
Amistades Cristianas.
Alguien ha
dicho que los adornos de una casa son amigos la
frecuentan. Después haber llegado a ser cristiano
usted hallará necesita nuevos amigos.
No
abandone totalmente a sus viejos amigos. Usted querrá testificarles de
su nueva fe en Cristo.
Pero cuando
usted llegue a ser una nueva criatura en Cristo, cuando las cosas viejas pasan
y todas son hechas nuevas, tal vez experimente una súbita frialdad de
parte de sus antiguos amigos, y muchos de ellos probablemente le abandonarán.
Asegúrese
de escoger cuidadosamente sus nuevos amigos. Y asegúrese también
de que no sean como sus antiguos amigos que tal vez se hayan alejado.
Proverbios 4:14,
15 nos dice: "No entres en la vereda de los impíos, / Ni vayas por
el camino de los malos. / Déjala, no pases por ella; / Apártate
de ella, pasa."
"De la
selección de amigos depende nuestro bien o mal."
- Juan Gay
Sus nuevos amigos
determinarán la atmósfera en la cual edificará su nueva
vida. Asegúrese de que sea el ambiente apropiado.
Escoja amigos
que le ayuden en los altibajos de su nueva vida cristiana. Esta clase de amigos
cantará alegremente con usted cuando se halle en la cima de la montaña,
y lo acompañarán en silencio cuando atraviese el más oscuro valle.
Aristóteles
dijo que un amigo es un alma que vive en dos cuerpos.
Pero la amistad
cristiana va más allá de eso. Dos amigos cristianos tienen la
ventaja adicional de que el Espíritu reside en ellos: el Espíritu
Santo. "Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu
que nos ha dado" (1 Juan 3:24). Pablo menciona la "comunión
del Espíritu" (Filipenses 2:1). También menciona que somos
de un Espíritu, el Espíritu Santo.
Sus nuevos amigos
pueden ser una bendición y un estímulo para usted. Su amistad
redobla su gozo y divide sus aflicciones.
Pueden ser respaldo
para usted; pueden hacerle partícipe de su sabiduría espiritual.
Lo mejor, aparte de ser sabio usted mismo, es tener un grupo de amigos sabios.
Pídales que le ayuden a entender lo que necesita saber.
Pueden ayudarle
también de muchas otras maneras. Pueden ayudarle a hallar respuestas
a sus preguntas. Pueden ayudarle en el estudio bíblico. Pueden ayudarle
a localizar una iglesia en donde usted puede adorar y creer en el Señor.
Hacer amigos
cristianos es un paso importante para un nuevo creyente. Pero ¿qué tal
si no conoce a ningún cristiano? ¡Dé el siguiente paso!
Busque una Iglesia Verdaderamente
Cristiana.
Después de haber confiado
en Cristo como su Salvador usted querrá llegar a ser parte de una iglesia
dinámica. Esto no solo le ayudará a hacer amigos cristianos, sino
que también le ayudará a seguir creciendo en su fe cristiana.
La asistencia
a la iglesia ha ido declinando en décadas pasadas, especialmente en Europa
y en el mundo occidental. La mayoría de personas dicen pertenecer a alguna
iglesia, pero parece que jamás logran levantarse de la cama para asistir
a sus reuniones. Usted tal vez haya oído el cuento del viejo Eduardo.
Se da de religioso, pero solo asiste a la iglesia una vez al año, al culto de
resurrección. Y esta es la clase de actitud que impera hoy respecto a
la asistencia a la iglesia.
¿Por qué
es tan importante hacerse de una buena iglesia? Hay muchas razones. Una es para
adorar a Dios, honrarle y dar honor a su Palabra. La Biblia nos advierte que
no dejemos de congregarnos con otros creyentes (Hebreos 10:25). La iglesia en
el primer siglo, de acuerdo al libro de los Hechos, nos dice que se reunía
constantemente. Alababan a Dios, le adoraban y aprendían juntos Sus cosas.
Una iglesia
existe con el doble propósito de reunir y enviar.
Cuando nos reunimos
en la iglesia recibimos bendición. Pero no asistimos solo buscando bendición.
Vamos porque tenemos un sentido de llamamiento, un sentido de deber, un sentido
de necesidad: una necesidad con Dios y de estar con otros que han confiado en
Cristo.
Al asistir a
la iglesia se recargan nuestras baterías espirituales, de modo de poder
ser enviados al mundo para dejar que nuestra luz brille ante las personas.
Alguien dirá:
"Yo no voy a la iglesia porque hay demasiados hipócritas allí."
Si la iglesia fuera perfecta, usted y yo no podríamos entrar en ella.
La iglesia no va a ser como el cielo, y nada en la tierra jamás lo será.
Pero los verdaderos
creyentes conforman la verdadera iglesia de Cristo (Mateo 16:18). él
es la cabeza de la iglesia (Colosenses 1:18). La iglesia es Su cuerpo (Efesios
1:22-23). Y cuando asistimos a una iglesia local sabemos que las personas allí
no son perfectas, sino que son perdonadas, y eso es importante.
¿A qué
clase de iglesia debe usted asistir?
La siguiente
es una regla sencilla. Busque una iglesia donde se trata la Biblia como la Palabra
de Dios, como Su palabra autoritativa; en dónde las personas expresan
un interés de amor por los que todavía andan perdidos en sus pecados,
y donde las personas adoran a Dios con profundo respeto.
"La iglesia
no es una galería para exhibición de cristianos eminentes, sino
una escuela para la educación de cristianos imperfectos."
- Henry Ward
Beecher
Yo evitaría
una iglesia en donde uno no necesita la Biblia para nada durante el culto, en
dónde uno nunca oye que se exalta el nombre de Jesucristo, y en donde
no se ve ninguna preocupación por los perdidos. Uno debe tener mucho
cuidado con una iglesia de esa clase. ¡A lo mejor es un mausoleo!
Después
de recibir a Cristo como Su salvador, tan pronto como pueda, busque una iglesia
que crea en la Biblia, y participe activamente en ella. No lo deje para luego.
Es fácil perder interés en la iglesia si no se ha invertido nada
en ella. Hallar una iglesia es un paso importante para el nuevo creyente.
Bautícese.
Hay
quienes creen que el bautismo es necesario para la salvación, pero no
es así. El bautismo es un paso de obediencia, pero no para la salvación.
Pedro dijo: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros
en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados" (Hechos 2:38).
Pero el contexto de este versículo no liga el bautismo con la salvación
personal, y tampoco debemos hacerlo nosotros. Además, vez tras vez se
afirma que solo la fe es el requisito para la salvación, sin ninguna
mención al bautismo (Juan 3:16-18; 5:24; Hechos 16:31; Romanos 10:9-14).
Si el bautismo
no lava pecados, ¿para que sirve? ¿Por qué es uno de los diez primeros
pasos para el nuevo creyente? Por las siguientes razones:
Primero, el
bautismo en agua identifica nuestro deseo de obedecer a Cristo (Mateo 28:19-20).
Si usted sabe que Cristo quiere que se bautice y se rehúsa, está desobedeciendo
a su Maestro, quién murió por usted.
Segundo, el
bautismo en agua identifica nuestro deseo de unirnos a Cristo (Romanos 6:1-4).
No tenemos ninguna otra manera de mostrar a otros cómo somos colocados
en el cuerpo de Cristo cuando somos salvados, excepto mediante el simbolismo
del bautizo. El hecho de bautizarnos muestra que cuando Cristo murió,
nosotros también morimos. Cuando él fue sepultado, nosotros fuimos
sepultados. Y cuando él resucitó de entre los muertos, nosotros
también resucitamos con él, para andar en vida nueva.
Tercero, el
bautismo indica nuestro deseo de seguir a Cristo (Romanos 6:4). Simboliza que
rompemos definitivamente con nuestra vida vieja, con el pasado y su pecado.
Y aun cuando volvamos a pecar incluso después de que hemos sido salvados,
el hecho de bautizarnos le dice al mundo que nos encaminamos en una nueva dirección;
estamos en un camino diferente, y estamos dando los primeros pasos en ese nuevo
sendero.
"Tal
vez nunca lleguemos a ser mártires, pero podemos morir al yo, al pecado
y al mundo, a nuestros planes y ambiciones. Este es el significado del bautismo:
morimos con Cristo y resucitamos a una vida nueva."
- Vance Havner
Mírelo
de esta manera. Seguir al Señor en el bautismo quiere decir hacer lo que él
hizo (Mateo 3:16, 17). Seguir al Señor en el bautismo significa decirle al mundo
que usted está bajo un nuevo Jefe (1 Corintios 6:19, 20). Seguir al Señor
en el bautismo significa seguir a Jesús y olvidarse de la manera en que
usted solía vivir antes de haber sido salvo (2 Corintios 5:17). Es una
manera de decirle a todo el mundo: "Soy una nueva persona, una nueva criatura
en Cristo. Las cosas viejas han pasado; todo en mi vida ha sido hecho nuevo.
Es un nuevo comienzo."
El bautismo
es dar un paso público por Dios. Es decirle al mundo: "He decidido
seguir a Cristo; no vuelvo atrás, no vuelvo atrás."
Aprenda a Ofrendar.
Aprender a ofrendar es una de las
primeras lecciones que Dios enseña al nuevo creyente. ¡Hay una buena razón
para esto! Para Dios el dar es importante. Es más, una sexta parte de
los libros de Mateo, Marcos y Lucas, y 12 de las 38 parábolas de Jesús
tienen que ver con el dinero.
Hay tres razones
por las cuales Dios pone tanto énfasis en que aprendamos a ofrendar.
Primero, aprender
a ofrendar es importante porque es el modelo divino. Dios quiere que seamos
como él. él dijo: "Santificaos, pues, y sed santos, porque
yo Jehová soy vuestro Dios" (Levítico 20:7; 1 Pedro 1:13-16).
Y puesto que Dios es un dador por naturaleza, quiere que aprendamos a ser dadores
igualmente. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado
a su Hijo unigénito (Juan 3:16). Dar glorifica a Dios porque nos hace
ser más como él.
Segundo, aprender
a ofrendar es importante porque dar es un principio bíblico. Por toda
la Biblia encontramos los principios de ofrendar.
Dar debe ser
sistemático (1 Corintios 16:1,2); debe ser proporcional a su capacidad
de dar (1 Corintios 16:2); debe ser sacrificial (Marcos 12:43,44); debe ser
espontáneo (Hechos 2:45); y más. Desde los comienzos de nuestra
vida cristiana debemos aprender los principios bíblicos acerca de dar
ofrendas.
Tercero, aprender
a ofrendar es importante porque es alabanza de gratitud.
El corazón
y la mano van juntos. Cuando su corazón está lleno de alabanza
a Dios, su mano expresará esa alabanza mediante una ofrenda. ¿Quién
merece su agradecimiento más que Dios? él lo amó; envió
a Su Hijo para que muriera por usted; lo salvó. Ahora usted está
dando pasos para ser conformado a la imagen de Su Hijo amado Jesús. Y
uno de esos pasos es aprender a ofrendar. Después de todo, ¿no es "dar"
la primera expresión de "dar gracias"?
"Hay
tres maneras de ofrendar: dar a regañadientes, dar por obligación, y
dar con gratitud. La ofrenda a regañadientes dice: Detesto dar;
dar por obligación dice: tengo que hacerlo; dar con gratitud
dice: quiero hacerlo."
- Roberto
Rodenmayer
Dios ama al
dador, que ha aprendido a dar con gratitud y alegremente (2 Corintios 9:7).
Cada semana
aparte para Dios algo de su tiempo. Tal vez quiera hacerlo por medio de su tiempo
devocional o mediante algún servicio para él en su iglesia local.
Y cada semana aparte para Dios algo de sus ingresos. Puede darlo entonces a
su iglesia o a algún otro ministerio espiritual que le haya sido de bendición.
Pero, sea como
sea, adquiera el hábito de dar a Dios una porción de lo que él
generosamente le ha dado. Ofrendar le hará a usted un creyente más
gozoso, y es uno de los más importantes primeros pasos para el nuevo
creyente.
Memorice
la Palabra de Dios.
Memorizar
a Palabra de Dios es un privilegio, no una obligación. El beneficio es
totalmente para nosotros, pero el placer es todo para él.
Memorizar las
Escrituras requiere de tiempo y esfuerzo, de modo que usted necesita una buena
razón para hacerlo. Las siguientes son tres buenas razones.
Primero, memorizar
la palabra de Dios le rinde honor a él. Lea el Salmo 119 y note el honor
que el escritor le tributa a Dios y a Su Palabra.
Versículo
89: "Para siempre, oh Jehová, / Permanece tu palabra en los cielos."
Versículo
105: "Lámpara es a mis pies tu palabra, / Y lumbrera mi camino."
Versículo
140: "Sumamente pura es tu palabra, / Y la ama tu siervo."
Versículo
162: "Me regocijo en tu palabra, / Como el que halla muchos despojos."
La razón
por la que le escritor valora en tal alto grado la Palabra de Dios es que valora
a Dios. La Palabra de Dios es un reflejo de Sí mismo. Es una revelación
de Su mente. Memorizar las Escrituras es lo mismo que guardar en el corazón
la Palabra de Dios. Recuerde, Dios escribió solamente un libro, y usted
le rinde honor cuando muestra el respeto por ese Libro, la Biblia, al guardarla
en el corazón. "¡Oh, cuanto amo yo tu ley! / Todo el día
es ella mi meditación" (Salmo 119:97).
Una segunda
buena razón para aprender de memoria la palabra de Dios es para que lo
guarde de pecar. El salmista lo dijo de esta manera: "En mi corazón
he guardado tus dichos, / Para no pecar contra ti" (Salmo 119:11). Cuando
usted es tentado a pecar necesita una defensa eficaz. Dios ha provisto esa defensa
en Su Palabra. Si usted ha memorizado porciones de la Palabra de Dios estará
listo para hacerle frente al Tentador. Cuando éste le acose y trate de
hacerle caer en el pecado, usted necesita un buen arsenal de Escrituras.
En la Biblia
hay un ejemplo perfecto de esta defensa. A principios de Su ministerio el Señor
Jesús fue tentado severamente por Satanás, el Tentador.
La primera tentación
tuvo lugar en un desierto desolado. Jesús había sido conducido
a ese lugar por el Espíritu Santo, y allí había ayunado
por 40 días. Satanás sabía que tendría hambre, de
modo que lo tentó con comida. Jesús citó la Biblia (Mateo
4:4).
Luego Satanás
llevó a Jesús al pináculo del templo, muy por encima del
Valle del Cedrón. Allí Satanás tentó a Jesús
para que se echara abajo del pináculo. De nuevo Jesús citó
las Escrituras (Mateo 4:7).
Finalmente el
Tentador llevó al Señor a un monte alto, y le tentó con poder
al desnudo, diciéndole que le daría todos los reinos del mundo
si sencillamente caía a los pies de Satanás en adoración.
De nuevo Jesús citó las Escrituras (Mateo 4:10).
Jesús
es un tremendo ejemplo de lo que se debe hacer cuando se es tentado. Si usted
se ha preparado para la tentación guardando en su corazón la Palabra
de Dios, al memorizar pasajes de ella, el Espíritu Santo le traerá
a su mente esos versículos cuando más los necesita. Recuerde,
los versículos de la Biblia le preservarán de reveses espirituales.
Guarde en su corazón la Palabra de Dios para no pecar contra él.
Una tercera
razón para memorizar las Escrituras es prepararse para dar respuesta
a los que cuestionan su fe en Cristo. En caso de que todavía no lo haya
notado, no todo el mundo está contento con el hecho que usted se haya
hecho un creyente. Algunos de sus antiguos amigos harán o dirán
todo lo que puedan tratando de que usted abandone su nueva fe. Su nueva vida
los hace darse cuenta del pecado en sus propias vidas. Y cuando vengan a usted
con preguntas necias, cuando hagan burla de su fe, cuando pongan en tela de
duda su fe en el Salvador, usted se alegrará de haber memorizado la Palabra
de Dios.
El apóstol
Pedro nos dio este sagaz consejo en 1 Pedro 3:15: "Sino santificad a Dios
el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa
con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la
esperanza que hay en vosotros." Puesto que usted nunca sabe cuando tendrá
que presentar tal defensa, debe estar siempre listo. Esto requiere memorizar
las Escrituras consistentemente. Es uno de los primeros pasos importantes del
nuevo creyente.
Busque un Amigo que le Tome Cuentas.
Usted aumenta su capacidad, estabilidad
y responsabilidad cuando aumenta su sentido de responsabilidad ante Dios. Una
manera en que puede hacer esto es buscando otro creyente que le tome cuentas.
¿Quién
es este amigo que le toma cuentas? Es un creyente maduro que accede a disciplinarlo,
para ayudarle a crecer y a madurar en su nueva fe en Cristo. Es alguien que
accede a vigilar su responsabilidad, alguien que le ayuda a completar lo que
ha determinado hacer.
Si usted le
dice a este amigo que ha decidido observar un tiempo devocional cada mañana
por media hora, más tarde en el día él o ella le llamará
a usted para preguntarle si lo hizo. Un amigo que le toma cuentas se asegura
que usted cumpla todo lo que le dijo a Dios que iba a hacer.
Pero la responsabilidad
es un sendero en ambos sentidos. Frecuentemente dos personas se sirven mutuamente
como amigos que se toman cuentas. Se apoyan el uno al otro, y se animan cuando
surge la necesidad. Y si alguno cae, el otro le ayuda a levantarse.
Hay una asombrosa
ilustración de esto en Eclesiastés 4:9, 10: "Mejores son
dos que uno;
Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero;
pero ¡ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante".
Este principio
resulta no solo cuando usted tropieza físicamente, sino también
cuando usted tiene alguna debilidad en el campo espiritual. Si usted tiene un
amigo que le toma cuentas sabe que hay alguien a su alcance cuando tropieza,
alguien que le ayudará para evitar que caiga. Por ejemplo, si usted pierde
su entusiasmo en su andar con el Señor y se entibia, su amigo que le toma cuentas
puede llamarlo aparte y darle una advertencia amable y sincera respecto al peligro
espiritual en que usted se halla.
Un antiguo refrán
del Cercano Oriente dice: "Un amigo es uno que te advierte". Pero
un amigo que toma cuentas, un verdadero amigo, nunca se detiene en la advertencia.
También ora por usted, le anima y le guía de regreso al buen camino.
Para eso son los amigos que toman cuentas.
"Mi mejor
amigo es uno que hace que de mí salga lo mejor que tengo".
- Henry Ford
Los amigos no
simplemente critican; ayudan. Un verdadero amigo no está de acuerdo con
sus debilidades; le ayuda a hacer acopio de sus fuerzas. Cuando usted y otro
creyente se comprometen a tomarse mutuamente cuentas, lograrán que de
ambos salga lo mejor.
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