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Juan

El DIOS ETERNO REVELADO AL HOMBRE

EVANGELIO DE JUAN 1

Estimado amigo, es una alegría muy grande poder encontrarnos nuevamente para dedicarnos a la más noble meta que el hombre pueda alcanzar que es la de conocer al Dios creador del universo, dador de la vida y redentor del hombre y la mujer que, reconociendo su condición débil e ilimitada para ser acepto ante Su presencia, le confiesa como Señor y Salvador de esta raza humana en decadencia y recibe por fe el perdón de pecados y una herencia entre los que han sido purificados por la sangre que Cristo derramó en la cruz del calvario hace ya más de 2000 años.

¿Eres tu uno de aquellos pecadores que se han arrepentido y se han humillado ante Dios? ¿O aún sigues con tu frente alta de orgullo ante tu creador dejándole afuera de tu vida, de tus proyectos e intentando vivir tu vida, con las mejores intenciones pero sólo y con una continua experiencia de fracasos en lo personal, lo familiar, lo laboral, sentimental y cuántas metas te pongas por delante?

Es hora que bajes la guardia y te dispongas a contemplar con asombro las cosas que Dios puede hacer contigo si solamente se lo pides y le buscas en Su Palabra.

Sí, la manera que hoy el ser humano tiene a su disposición para descubrir a Dios, su plan para el hombre y aún conocerse a sí mismo mejor es a través de su Palabra escrita o sea la Biblia.

Claro que también descubrimos a un Dios sabio, perfecto y poderoso al mirar la creación según nos dice Salmos 19:1: "Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de tus manos".

Pero es la Biblia inspirada por Dios la única y más completa fuente de donde podemos saciar nuestra sed interior por saber quién es Dios y quién soy yo. Esas dos preguntas son las que, por ejemplo, capacitaron a un gran hombre como lo fue Moisés para liberar a toda una nación de la esclavitud Egipcia según leemos en Éxodo 3:11 cuando Moisés preguntó a la voz que le hablaba desde aquella zarza: "¿Quién soy yo?" y dos versículos más adelante: "¿Quién eres tu?"

En aquel entonces era sólo una voz que se presentaba de una manera misteriosa y le daba órdenes, aunque era la misma voz del Dios que venimos presentando el que hablaba y decía mi nombre es "YO SOY".

Pero la historia humana siguió su curso independientemente de su Creador y entonces Dios decidió comunicarse a través de siervos santos y capacitados para transmitir la Palabra de Dios al hombre que se llamaron profetas y que consagraron sus vidas primero a conocer a Dios y entonces a revelarle a Él y a Su palabra o su mensaje al hombre. La historia continúa hasta que el último de los profetas aparece en escena y su nombre es Juan el Bautista. Pero aún la revelación que de Dios se tenía era en cierta forma incompleta y sombría.

Fue entonces cuando el Dios creador concibe la asombrosa idea de encarnar su mensaje. Sí, oíste bien comunicarnos su mensaje no a través de mensajeros o de su Creación o de eventos sobrenaturales sino Él mismo tomando forma de hombre en la persona de su Hijo Cristo Jesús y hablándonos cara a cara. Algo de eso es lo que leemos en Hebreos 1:2 cuando el escritor dice: "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras a nuestros padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el hijo."

Permíteme una traducción más feliz de las tres últimas palabras de este texto: "nos ha hablado en Hijo". El énfasis del pasaje no es aquí el resaltar los medios a través de los cuales Dios comunicó su mensaje sino más bien el método innovador que Él mismo concibió de hablar al hombre en forma de Hijo. Es en Cristo, el Hijo eterno que Dios hace 2000 años se reveló y descubrió su carácter, su plan para el hombre y su amor.

Pero ese Dios hecho hombre culminó su labor redentora y se fue otra vez al cielo. Dio inicio a la empresa eterna de la iglesia y se marchó a preparar lugar para su iglesia allá en el cielo con quien pueda morar eternamente en una eterna luna de miel entre el esposo Cristo y la esposa, su iglesia compuesta por todos aquellos que como dijimos al comienzo han puesto su fe en Él.

Y... ¿Qué, nos dejó solos? ¿Puede ser que un Dios de sabiduría y amor realice su obra incompleta rescatando al hombre del pecado y del fracaso y lo deje a la deriva sin un manual que lo guíe en este mundo tormentoso hasta que se encuentren en ese cielo que Cristo fue a preparar?

Ese fue el conflicto que agobiaba las mentes de los dos discípulos que iban tristes camino a Emaús según lo relata San Lucas en el capítulo 24 de su evangelio verso 13 en adelante. Ellos no entendían cómo podía ser que ya todo haya terminado, ¿dónde ir, que hacer, a quién seguir? Ya no estaba la presencia corporal de Cristo, su Maestro pero había algo que era la clave parta continuar y que ellos estaban ignorando: SU PALABRA.

Es por eso que el Señor que anónimamente caminaba a su lado, oculta su identidad y les abre las escrituras. Hubiera sido más que suficiente que Él se hubiera corrido el manto que ocultaba su rostro y se hubiera dado a conocer a sus amigos. Ellos hubieran saltado de alegría sobre su cuello en un abrazo prolongado pero... ¿y luego qué? Él ya ascendía, en algún momento se despediría definitivamente y entonces ¿Qué?, ¿Otra vez la frustración y la duda sobre cómo continuar? No, era ahora la Palabra la que les guiaría, la que haría arder su corazón como lo hizo y la que seguiría revelando al Dios creador del mundo y al Hijo redentor al hombre.

Por eso dice el versículo 27: "Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las escrituras lo que de Él decían".

Quizás tu también te encuentras como estos dos discípulos que caminaban tristes rumbo a Emaús. Sientes que al momento de decidir cuál camino escoger, qué rumbo seguir eres presa de la duda y tantas experiencias de fracaso en la vida cristiana te han llevado a una inseguridad crónica que te anula y arranca tus ganas de continuar y de planear en grande como a Dios le gusta. Ahí no más, dices tu, perfil bajo no más, mediocridad, tibieza, estancamiento, tristeza, conformismo.

¿Por qué?, si somos hijos de Dios y Él nos ha dejado su Palabra para que le sigamos descubriendo y Él nos siga guiando. En una aspecto tenemos nosotros, los que vivimos en esta era, más que aquellos contemporáneos de Jesús. Tal vez muchas veces deseaste haber vivido en aquel tiempo bíblico para caminar al lado del maestro y no tener tantas dudas pero... ¿sabes? ¡¡¡Nosotros tenemos más que ellos!!! tenemos, como dice el apóstol Pedro en 1:19 "la Palabra profética más segura, la cual hacemos bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en un lugar oscuro hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones."

Pero claro, si tú pones la antorcha dentro de un cajón seguirás a tientas aunque la antorcha alumbre, o hablando lisa y llanamente, si tu mantienes tu Biblia en el cajón y le sacas el polvo de vez en cuando para ir a la iglesia no pretendas entonces que Dios te guíe porque le estás atando sus manos al tener cerrada tu Biblia. ¿Sabes? Hubo un hombre que quizás fue el hombre que más cerca vivió del Salvador. Tal vez fue el que mejor captó su mensaje, pero la virtud más noble de este hombre fue que entendió que al irse su maestro debía quedar archivado en papel y pluma su legado pero de una forma espiritual, profunda, íntima.

Un relato de su vida y de su obra que más allá de ser una acumulación de hechos biográficos fuese la expresión misma del mensaje de Dios en la persona de su hijo Cristo y que al leerlo conozcan al único Dios verdadero y a su Hijo. Ese hombre fue Juan, hijo de Zebedeo, de sobrenombre Boanerges, que traducido significa "hijo del trueno" haciendo alusión a su carácter impetuoso y sectarista según vemos en Lucas 9:49 y ambicioso y egoísta según vemos en Marcos 10:35 pero que fue moldeado en la escuela del Señor.

El libro que escribió lleva como título su propia rúbrica: "Evangelio según San Juan" y quizás el versículo que resuma la intención de este sencillo y sincero hombre se encuentre en el 20:30-31 que dice: "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre."

De aquí en adelante intentaremos con humildad y respeto captar la idea que ocupó la mente de Juan al perpetrar su obra sobre la vida del Hijo de Dios. Mente que por supuesto estuvo controlada, llenada y dirigida por el mismo Dios autor de la Palabra. Sondearemos con cuidado las profundidades más sublimes de las doctrinas bíblicas descritas por la pluma de un hombre que se animó a escribir un evangelio diferente a los tres ya escritos con anterioridad por Mateo Marcos y Lucas. Juan escribió, como lo llamara el mismo Clemente de Alejandría: "un evangelio espiritual".

Hoy dejamos aquí, consideré necesaria este desafío a volver a reconsiderar la palabra de Dios como la lámpara que debe guiar tu vida y la mía y entonces así, con el apetito abierto, disponernos a disfrutar de otro "fruto dulce al paladar" de tu espíritu que nos proporciona la eterna Palabra de Dios. Hasta el próximo estudio y ¡Qué Dios te bendiga!.

 
   
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