Devocionales
Año Mes    Día    
Buscar

Imprimir  Enviar a un Amigo

1:23.24: “Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era”.

El popular cuento de “Blancanieves y los siete enanitos”, refiere la existencia de cierto espejo mágico capaz de decir la verdad. Cierto día, la madrastra de la bella doncella, parada frente al espejo preguntó: “Espejito, espejito, dime: ¿Cuál es la mujer más bella de la comarca?”,a  lo que el veraz espejo indicó que era Blancanieves. La madrastra, llena de ira, de un golpe rompió aquel espejo. Este acto representa de manera muy somera la actitud que muchos tienen frente a la palabra de Dios, la Biblia, que tiene el poder de actuar como un espejo que nos dice siempre la verdad. No sólo lo que queremos oír sino la verdad, lo que necesitamos oír.
El apóstol Santiago hace referencia a este hecho y adjunta el detalle que debemos tener frente al espejo de la palabra de Dios, la misma actitud que tienen las mujeres al gastar a veces horas sentadas en su tocador, añadiendo a sus rostros cuantos productos cosméticos se ofrecen, frente al espejo. Leemos en Santiago 1:23.24: “Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era”. La palabra “hombre” que aquí usa Santiago no es en forma general de ser humano sino de varón. Lo que dice, entonces, es que los varones tenemos la tendencia a ser descuidados con nuestra estética y echamos una somera mirada al espejo, nos vamos y ni siquiera reparamos en los errores de nuestra apariencia. No. Debemos tener la misma actitud cuidadosa de las mujeres frente al espejo y reparar las cosas en nuestra vida que la Biblia nos denuncia que están mal.
 No rompas el espejo de Dios como la madrastra de Blancanieves. Escucha, atiende y si ella te dice que hay algo que corregir, actúa de inmediato, antes que sea demasiado tarde. Dios dejó su palabra para guiarnos, no para condenarnos.

Por: Pablo Martini
reflexionesparaelalma@labibliadice.org

Suscríbete a Nuestro Boletín Bíblico
Copyright © 2007"La Biblia Dice..."
Casilla Postal 1708 - 8208
Teléfonos: 593 2 2475564 - 593 2 2472292
Quito - Ecuador
labiblia@labibliadice.org