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“Al Rey de los siglos, al Dios único que vive más allá del tiempo y de lo que se ve, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. Al darte estas recomendaciones, hijo mío, pienso en las profecías que fueron pronunciadas; que ellas te guíen en el desafío que tienes por delante. Conserva la fe y concéntrate, no como algunos que por despreocupados naufragaron en la fe.” 1° Timoteo 1:17-19  

La vida nos interna muchas veces en variadas e inesperadas tormentas. Son esas “olas” (casi tsunamis) que nos desbordan inundando todo a su paso. Relaciones, sueños, proyectos de vida… Toda tu barca se tambalea y el pánico y el dolor son los tripulantes inesperados que dicen “presente” sin previo aviso. Y por supuesto todo se sale de control. En la calma tenías todo acomodadito. No había cabos sueltos ni imprevistos. Todo estaba en orden y tenías el control de cada área de tu vida. Pero ahora… ¡CAOS! Debes atravesarla. No puedes saltar del barco ni tampoco quieres, pues si no luchas tú por tu vida ¿quién lo hará? Pero las olas continúan amenazando, todo el aparejo del barco está a punto de hundirse. Cosas de inestimable valor las ves perderse en lo profundo del mar de la crisis y no puedes más. Lo primero que debes hacer es aferrarte a un punto firme. Aunque las olas afuera pasen de un lado a otro puedes aferrarte al mástil. Ese mástil es Dios y su Hijo Jesús, su Palabra, su Espíritu, tus hermanos. Tal vez sea lo único firme que te quede pero es suficiente. No intentes mantener el orden, es lógico que todo se salga de su lugar, lo importante ahora es salvar la nave y pasar la tormenta. ¡Y pasará! Te lo aseguro. Dice Dios en su Palabra que el día malo acaba, tiene su tiempo, no es para siempre. Además, comparado con la eternidad que nos espera allá en la gloria, ¿qué es?... Un poco de tiempo, dice la Biblia. Si echas mano de las cosas realmente inconmovibles que tienes a tu alcance saldrás de pie. Con golpes, puede ser, con desilusiones, tal vez, con pérdidas, seguramente, pero de pie, y eso es lo que cuenta porque habrás aprendido y mucho. Y a veces, la única manera de aprender a navegar es atravesando tormentas. Después sí, tendrás tiempo, objetividad y calma para comenzar a ordenar lo que se salió de lugar. Para reparar lo que se rompió o recuperar lo que se perdió. Retomarás el rumbo, ajustarás las coordenadas y continuarás el viaje. Falta poco, no te desanimes, muchos naufragaron, pero tú, tú lo lograrás. (Si te abrazas al Mástil)

Por: Pablo Martini
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