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LA BIBLIA DICE
ESTUDIO BÍBLICO GIGANTES 10
Programa No. 09-06-2010
Saludos cordiales amable oyente. Bienvenida, bienvenido al estudio bíblico
de hoy. Gracias por dispensarnos su sintonía. Continuamos tratando el
tema de los gigantes en nuestra vida. Me refiero a esas cosas que cómodamente
se ha instalado en nuestra vida y nos han llegado a dominar de tal manera que
echan a perder todo lo que podríamos ser o hacer para el Señor.
Estos gigantes pueden ser el desánimo, la crítica, el temor, el
chisme, la culpa, la dureza de corazón, el complejo de inferioridad y
algunos otros que los conoceremos a medida que progresamos en esta serie. Todas
estas cosas son como poderosos gigantes que si se lo permitimos nos causarán
gran aflicción. Gracias a Dios que los que somos creyentes hemos recibido
el poder para conquistar a cada uno de estos gigantes. Eso lo hemos visto en
nuestros estudios bíblicos anteriores. En el estudio bíblico de
hoy, vamos a hablar de otro gigante, tan poderoso como los otros, llamado celos.
CORTINA---------------------------------------
Se dice con justa razón que los celos están en cada uno de nosotros
desde que nacemos hasta que morimos. Mi esposa y yo, hemos traído al
mundo tres preciosos hijos. Cuando el mayor tenía tan sólo dos
años nació su hermanita. Usted a lo mejor dirá: Qué
bueno, así el hermano mayor ya tuvo compañía. Pues... nosotros
también pensamos así. Pero a decir verdad, no resultó del
todo de esa manera. ¿Sabe por qué? Pues por ese poderoso gigante
llamado celos. Lamentablemente el hermanito mayor se sintió celoso por
la llegada de su hermanita. Claro, las atenciones de los padres y los halagos
de la familia ya no eran sólo para él. Tenía que compartir
no sólo la atención y los halagos, sino muchas cosas más
con aquella intrusa que de pronto apareció dando alaridos en la casa.
Y no estamos hablando de un viejo pecador empedernido. Estamos hablando de una
criatura de tan sólo dos años. Pero he allí, los celos
estaban ya causando problema en él. Con el correr del tiempo, este gigante
de los celos ya no causará solamente un lloriqueo constante como en el
caso de un niño celoso, sino un comportamiento totalmente extravagante,
en el caso de un adulto. Por los celos, el ser humano es capaz de causar terribles
desastres. Tanto usted como yo, podemos citar caso tras caso de personas destruidas
por haberse entregado al implacable gigante de los celos, hogares destruidos
por los celos, iglesias destruidas por los celos. Con sobrada razón,
Santiago dice en su libro, en el capítulo 3 versículo 16: Porque
donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda
obra perversa.
Este es un axioma inviolable. Donde usted vea a un hombre celoso o a una mujer
celosa, allí habrá peleas, vocabulario soez, intrigas, malos pensamientos,
calumnias, chismes y rumores. Cuánto problema puede causar los celos.
Los celos, amable oyente, son esas emociones negativas que experimentamos cuando
tememos que cualquier afecto o bien que disfrutamos o pretendemos disfrutar,
llegue a ser logrado por otro. Dicho en otras palabras, los celos tienen que
ven con la incomodidad que sentimos cuando vemos amenazados los afectos o bienes
que consideramos como de nuestra exclusiva propiedad. Es por eso que si alguien
recibe cierto reconocimiento que nosotros estábamos dándolo como
nuestro, casi inmediatamente comenzamos a pensar: Vaya, por qué a él
y no a mí. Yo merecía más que él. Lo que pasa es
que a nadie le importo. Nadie se fija en mí. Es el gigante de los celos
que ha atacado. Una esposa podría pensar: Mi esposo ya no me ama. Debe
haber otra mujer en su vida. Presa de este pensamiento esta esposa celosa tejerá
una serie de episodios fantásticos. Si su esposo no llega a casa a la
hora que se supone, pensará: Seguramente debe estar con esa otra mujer,
por eso no llega a tiempo. El gigante de los celos ha atacado a esta esposa.
Los celos pueden provocar verdaderos desastres amable oyente. Proverbios 6:34
dice: Porque los celos son el furor del hombre,
Y no perdonará en el día de la venganza.
Muy bien, con todo lo que hemos dicho, estoy seguro que habrá reconocido
cuan peligroso es este gigante llamado celos. Ahora viene lo bueno. ¿Qué
hacer para conquistar a este poderoso gigante? Primero, es necesario reconocer
que los celos son pecado. Como leímos ya en Santiago 3:16 los celos son
la fuente de una serie de conductas pecaminosas en el ser humano, perturbación
y toda obra perversa, dice el texto. Además note lo que dice Gálatas
5:19-21 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación,
inmundicia, lascivia,
Gal 5:20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos,
iras, contiendas, disensiones, herejías,
Gal 5:21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes
a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que
los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
En este pasaje bíblico vemos que los celos están en el mismo plano
que el adulterio, la fornicación, los homicidios, las borracheras y todo
lo demás. Por tanto los celos son un pecado que ofende la santidad de
Dios. Si usted es una persona celosa, no justifique sus celos diciendo: Es que
me provocan, o es que tengo suficientes motivos para ser celoso o celosa. Lo
aconsejable es ir al Señor en oración para decirle: Señor,
soy un celoso o una celosa, me he dejado dominar del gigante de los celos, reconozco
que es pecado y no quiero seguir viviendo de esta manera. Luego de confesar
los celos como pecado, en segundo lugar, debe apartarse de los celos. No es
algo sencillo se lo aseguro y por eso usted necesitará aferrarse con
todas sus fuerzas al Señor. Pida al Señor en oración la
ayuda necesaria para vencer a este poderoso gigante. Cada vez que surja ese
sentimiento de celos, reconózcalo inmediatamente, y una vez detectado,
no deje que su mente se ocupe más en eso. Destierre inmediatamente ese
pensamiento. No piense que los celos le van a ayudar a resolver los problemas
que tenga, cualquiera que estos sean. Si por ejemplo, se siente celoso de un
compañero de trabajo, pensando que a lo mejor él va a recibir
una promoción y no usted, piense y razone que esta actitud es fruto de
sus celos e inmediatamente sáquela de su mente. Tercero, jamás
actúe motivado por los celos. El gigante de los celos insistirá
que usted haga algo en contra de la persona contra quien se siente celoso o
celosa. Si se trata de su esposo, el gigante de los celos insistirá que
usted inicie una pelea, o lo que se llama una escena de celos, ante la más
mínima provocación, no importa si se trata de una situación
real o creada en su imaginación. Si es su compañero de trabajo,
el gigante de los celos insistirá que usted busque maneras para hacer
quedar mal a su compañero de trabajo ante sus superiores, de modo que
su propia imagen se vea bien. Usted sabe, el viejo truco de hacer quedar mal
a otros para quedar bien nosotros. No actúe motivado por los celos. Lo
único que obtendrá es fortalecer a ese gigante que le tiene dominado
y que se llama celos y ciertamente, en algún momento se arrepentirá
de eso. Recuerde lo que pasó con el celoso rey Saúl cuando David
apareció en la escena como el ungido futuro rey. Los celos de Saúl
le llevaron a perseguir a David para matarlo, pero en el intento, Saúl
mismo fue víctima de la violencia que causó. Por algo afirma el
popular dicho: Quien siembra vientos cosechará tormentas. Cuarto, procure
compartir su problema de celos con alguna persona madura espiritualmente hablando.
De esta forma, el peso de los celos se hará más ligero. No esconda
ese pecado de celos que ya ha detectado en su vida. Confróntelo y pida
consejo a hombres y mujeres de Dios para derrotarlo. Es interesante que según
la ley Mosaica, si un marido se sentía celoso de su mujer, no debía
quedarse en casa alimentando a ese gigante llamado celos, por medio de sospechas
sobre su mujer y haciéndole la vida imposible. Según el libro
de Números, capítulo 5, lo que debía hacer es ir al sacerdote
y allí, ante él, tratar el asunto para terminar de una vez por
todas con esos celos tan funestos. Definitivamente, amable oyente, Dios no quiere
que vivamos saturado de celos. Los celos nos quitan el gozo de vivir para Dios,
y lo que es peor nos conducen al pronunciado barranco de hacer o decir cosas
totalmente fuera de lugar. Debemos confrontar este pecado y desterrarlo de nuestra
vida. Por último, si usted es una persona celosa, debe como nunca confiar
en la suficiencia de Dios para satisfacer cualquiera de nuestras necesidades.
Dios sabe lo que es mejor para cada uno de nosotros. Puede ser que nosotros
pensemos que tal o cual cosa nos hará felices y por eso lo buscamos con
tanto ahínco y sentimos celos ante todo lo que amenace con privarnos
de aquello que esperamos. Pero solamente Dios sabe lo que es mejor para nosotros.
Busquemos lo que deseamos con dedicación, pero si no lo conseguimos,
no pensemos que fue porque otros fueron mejores que nosotros, sino simplemente
porque aquello que buscábamos no fue lo mejor y Dios no nos lo dio porque
él busca lo mejor para nosotros.
CORTINA--------------------------------------------
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